Es hora de cuidar mi corazón.

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Muchas veces nos esforzamos por cuidar a los demás y nos olvidamos de nosotros mismos. 


Lo tengo cubierto de cicatrices, por las tantas veces que ame y no me amaron, por las veces que lo entregue y me lo devolvieron hecho pedazos…
Pero de ahora en adelante ya no podrán jugar con mis sentimientos, pues yo no estaré con quien no sepa amarme y respetarme.
Guardare este corazón para alguien que valga la pena, no seguiré llorando por todas las veces en las que mi pareja se ausenta, pues yo he sido culpable de amar a quien no merecía mi amor.
Yo debo cambiar mi vida y saber distinguir quien merece mi amor y quien no merece ni las migas que caen.

Protejo mi corazón de ti, de personas que no saben amar. Nadie más jugara con mi corazón. A partir de hoy, yo cuido de mi propio corazón.

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Ese es un amigo.

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Aquel cuyo apretón de manos es un poquito más firme.
Aquel cuya sonrisa es un poquito más luminosa.
Aquel cuyos actos son un poquito más diáfanos.
— Ese es a quien yo llamo un amigo.

Aquel quien más pronto da que pide.
Aquel quien es el mismo hoy y mañana.
Aquel quien compartirá tu pena igual que tu alegría.
— Ese es a quien yo llamo un amigo.

Aquel cuyos pensamientos son un poquito más puros.
Aquel cuya mente es un poquito más aguda.
Aquel quien evita lo que es sórdido y mísero.
— Ese es a quien yo llamo un amigo.

Aquel quien, cuando te vas, te extraña con tristeza.
Aquel quien, a tu retorno, te recibe con alegría.
Aquel cuya irritación jamás se deja notar.
— Ese es a quien yo llamo un amigo.

Aquel quien siempre está dispuesto a ayudar.
Aquel cuyos consejos siempre fueron buenos.
Aquel quien no teme defenderte cuando te atacan.
— Ese es a quien yo llamo un amigo.

Aquel quien es risueño cuando todo parece adverso.
Aquel cuyos ideales nunca has olvidado.
Aquel quien siempre da más de lo que recibe.
— Ese es a quien yo llamo un amigo.


Autor: John Burroughs (1837-1921)

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Para sanar una herida.

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¿Para qué sufrir más?



Cuando te parece tocar fondo, es porque llevas tiempo recordando lo que deberías olvidar.
No es bueno ni sano vivir cada día sufriendo  por quienes perdimos, eso es algo por lo que tendremos que pasar muchas veces a lo largo de la vida.

Olvidar no es un tema fácil, es un proceso que lleva trabajo. Las tristezas del corazón son las más grandes, y las más difíciles de asumir. Muchas veces no somos capaces de salir de la agonía que el pasado nos provoca, así que necesitamos hablarlo con alguien y recurrir a pedir ayuda.


Si te miras con amor, encontraras la fortaleza dentro de ti. Puede que tengas una arenilla en el ojo, te molesta un día pero luego te lavas y deja de molestar… así es como debes ver la vida, que un desengaño no acabe contigo, al contrario, en tus manos esta que ese desengaño te haga ser más fuerte. A partir de ahora prestaras más atención y poco a poco tu vida se ira ordenando.

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La historia del verdadero amigo.

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Pequeños cuentos, que nos ayudan a ver la vida de un modo diferente.

Por Alejandro Alvarez Puga

Cuenta una leyenda árabe, que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron. Uno de ellos ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:
“HOY, MI MEJOR AMIGO ME PEGO UNA BOFETADA EN EL ROSTRO”.
Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde decidieron tomar un baño. El que había sido abofeteado y lastimado empezó a ahogarse, siendo salvado por su amigo. Al recuperarse tomo su daga y escribió en una piedra:
“HOY, MI MEJOR AMIGO ME SALVO LA VIDA”.
Su amigo le pregunto entonces ¿Por qué después de lastimarte, escribiste en arena y ahora escribes en una piedra?

Sonriéndole su amigo respondió: Cuando un amigo nos ofende, debemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargaran de borrarlo y apagarlo; por el contrario cuando nos pasa algo bueno, debemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde ningún viento será capaz de borrarlo.

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En mis sueños...

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Y tú, ¿Crees en las hadas?
Por Alejandro Alvarez Puga


El hada más hermosa ha sonreído
al ver la lumbre de una estrella pálida,
que en hilo suave, blanco y silencioso
se enrosca al huso de su rubia hermana.

Y vuelve a sonreír porque en su rueca
el hilo de los campos se enmaraña.
Tras la tenue cortina de la alcoba
está el jardín envuelto en luz dorada.

La cuna, casi en sombra. El niño duerme.
Dos hadas laboriosas lo acompañan,
hilando de los sueños los sutiles
copos en ruecas de marfil y plata.

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TE PRESTARE A UNOS PAPAS, CUIDALOS

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¿Qué tanto valoras a tus padres?
Por Alejandro Alvarez Puga




Te prestare por un tiempo unos padres,
para que los ames mientras vivan...
Podrán ser 10, 20, 30 años o más,
hasta que yo los llame.

Te pregunto:
¿Podrás cuidarlos?
Quiero que aprendas a vivir con ellos,
les he buscado unos hijos y te he elegido a ti.
No te ofrezco que se quedaran contigo para siempre;
Solo te los presto.

Ellos te darán ternura y te darán alegría por tenerte.
El día que yo los llame no llorarás ni me odiarás porque los regrese a Mí!
Su ausencia corporal quedara compensada por el amor,
y por los muchos agradables recuerdos.

Ten presente que si algo te entristece,
que si el golpe del dolor te hiere algún día,
la pena es mía, y así, con todo esto,
tu luto será más llevadero

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Por el sendero de la vida

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¿Envejecemos juntos?
Por Alejandro Alvarez Puga


Por el sendero de la vida

¿Me amas? Entonces toma mi mano y agárrala fuerte

porque vamos a recorrer el sendero de la vida,

superar sus obstáculos, tomar atajos,

disfrutar de sus maravillas,

ayudar a otros a encontrar su propio camino,

vencer nuestros miedos y

esforzarnos por ser mejores cada día…

Y al final, podremos decir:

LO HICIMOS JUNTOS, MI AMOR

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Nadie puede perder a nadie, porque no somos dueños de nada...

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Todos los que han atravesado una ruptura amorosa, tal vez se sientan identificados con lo siguiente: ¿Qué pasa cuando perdemos a alguien? ¿Por qué nos puede llegar a afectar tanto una separación?
Por Alejandro Alvarez Puga




Por la simple razón de que el verdadero amor, no es posesivo, no exige nada, sino que se entrega sin condición, sin razón, (se ama, porque se ama, no porque haya una razón para amar) y libremente.
La verdadera libertad, consiste en tener lo más importante del mundo, sin poseerlo.

El amor no está en la otra persona, sino dentro de nosotros mismos y necesitamos del otro para que despierte.

Uno entrega su amor libremente a otra persona, pero no con el fin de poseerlo, pues no somos, su esclavo o su amo, o un objeto que se pueda comprar, usar y tirar, somos seres con una capacidad enorme de amar y de manifestar amor hacia los demás, sin esperar nada.

El que da, debe de ser capaz de recibir.

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Tanto como sea posible

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Tanto como sea posible
Aunque no puedas tener la vida
Que te gustaría tener,
Procura al menos
Dotar a la vida que tienes
Con esto:

Haz todo lo posible por evitar envilecerte
En el continuo contacto con el mundo,
En la inquietud desmedida y el hablar

Trata de no degradar tu vida
En un caminar sin rumbo
Yendo y viniendo, exponiéndote a menudo
A las trivialidades cotidianas
A tus conocidos y sus reuniones

Porque si no lo haces
Un día tu propia existencia
Podría convertirse

En un parásito que te acosa.

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ColourBleed

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Hay una especie de oscuridad y amargura en el multi premiado ColourBleed.
Escrito y dirigido por Peter Szewczyk en asociación con BBC Film Network y BBC HD.


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Hoy en mitad de la vida

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La primavera besaba
La primavera besaba
Suavemente la arboleda
Y el verde nuevo brotaba
Como una verde humareda

Las nubes iban pasando
Sobre el campo juvenil…
Yo vi en las hojas temblando
Las frescas lluvias de abril

Bajo ese almendro florido,
Todo cargado de flor
-recordé-, yo he maldecido
Mi juventud sin amor.

Hoy en mitad de la vida,
Me he parado a meditar…
¡Juventud nunca vivida,

Quien te volverá a soñar!

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Despeinados

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Hoy he aprendido que hay que dejar que la vida te despeine, por eso he decidido disfrutar la vida hoy con mayor intensidad. Lo rico engorda, lo bonito sale caro, el sol que ilumina tu rostro lo arruga y eso es realmente bueno de esta vida, despeinate.


Atrévete a vivir tu vida como quieras, corre, ríe a carcajadas, viaja, ama, besa, perdona, disfruta, Cantar hasta que te quedes sin aire, despéinate. Bailar hasta no tener fuerzas y aliento, se feliz. Quien vive con alegría es porque lo ha decidido así, pues nadie está exento de problemas. La diferencia está en que algunas personas deciden dejar que el cabello se les despeine y tomarlo con alegría.

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La casa del carpintero

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Un viejo carpintero estaba listo para retirarse. Le dijo a su jefe de su plan de retirarse del trabajo de construir casas y vivir una vida más tranquila con su esposa, disfrutando de su familia.

Su jefe le pidió si podía construir una última casa antes de retirarse a lo que el carpintero contesto que sí, pero obviamente su corazón no estaba en ella, pues no uso los mejores materiales y era su mejor obra. Al terminar su jefe se acercó y le dio la llave de la casa diciéndole, aquí tienes mi regalo para ti.

De saber que sería para el tal vez habría usado mejores materiales y puesto su mejor esfuerzo en ella.


Lo mismo pasa con nosotros, si construimos nuestras vidas sin cuidado y distraídos, podría llegar un día donde miremos nuestra “casa” y nos demos cuenta que podríamos haberla construido mejor.

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La vida es bella

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Tu día puede ser bello y positivo siempre y cuando nosotros queramos 
Puedes pensar que siempre la vida está llena de sinsabores, de tristezas y de malos momentos...

Pero la vida puede ser bella si aprendes a mirar con buenos ojos lo que tienes por delante.

Hay muchos motivos por los que estar feliz, abre tus ojos y mira a tu alrededor, comienza a contar tus bendiciones… y camina con la cabeza bien alta.

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Un día en la librería

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Un día fui a una librería y pregunte a la vendedora, dónde se encontraba la sección de auto ayuda, ella me respondió que si me decía, ya no tendría sentido.

Algunas veces debemos tomar las riendas de nuestra vida por nuestras propias manos y buscar el camino que mas nos convenga


La gente a veces tiene problemas en conseguir amigos y tal vez sea por que es mas fácil hacer amigos si te interesas en lo que otra gente se interesa, que hacer que la gente se interese en lo que tu haces.

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La dualidad de la naturaleza humana.

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Aquella noche llegué al fatal cruce de caminos. Si me hubiera enfrentado con mi descubrimiento con un espíritu más noble, si me hubiera arriesgado al experimento impulsado por aspiraciones piadosas o generosas todo habría sido distinto, y de esas agonías de nacimiento y muerte habría surgido un ángel y no un demonio. Aquella poción no tenía poder discriminatorio. No era diabólica ni divina. Sólo abría las puertas de una prisión y, como los cautivos de Philippi, el que estaba encerrado huía al exterior. Bajo su influencia mi virtud se adormecía, mientras que mi perfidia, mantenida alerta por mi ambición, aprovechaba rápidamente la oportunidad y lo que afloraba a la superficie era Edward Hyde, y así, aunque yo ahora tenía dos personalidades con sus respectivas apariencias, una estaba formada integralmente por el mal, mientras que la otra continuaba siendo Henry Jekyll, ese compuesto incongruente de cuya reforma y mejora yo desesperaba hacía mucho tiempo. El paso que había dado era, pues, decididamente a favor de lo peor que había en mí.

En todos los seres humanos existe la capacidad del bien y el mal, debemos ser capaces de decidir el camino correcto  pues como dice en la obra de la cual comparto este fragmento.

“Quiéreme cuando menos lo merezca, pues será cuando mas lo necesite”

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El corazón mas bello

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Un día un joven presumía de su bello corazón enfrente de una gran audiencia, mientras todos miraban asombrados el corazón del joven , sin marcas ni impurezas, un viejo se acerco al joven y le dijo que su corazón era mas bello que el suyo. El joven al mirar el corazón del viejo soltó tremenda carcajada pues al corazón del viejo le faltaban pedazos y tenia cicatrices, piezas que no correspondían.

La gente reía con el joven pero el viejo le explico tranquilamente que las partes que faltaban era de cuando había entregado el corazón y no había sido correspondido, las partes que no quedaban eran pedazos de otros corazones que le habían sido entregados, el joven y la gente se quedaron en silencio ante la presencia del viejo el joven arranco un trozo de su perfecto corazón y se lo entrego al viejo.

A veces la verdadera belleza se encuentra en el interior de una persona y lo que a vivido


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10 Consejos para tomar mejores decisiones.

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LAS DECISIONES SON EL PAN DE CADA DÍA; siempre estamos tomándolas, desde las pequeñas e intrascendentes hasta las que nos cambian la vida. Sin embargo, a veces optamos por el camino menos acertado y quedamos disconformes o arrepentidos. ¿Aporta la ciencia alguna solución?

Casi todos desconocemos los procesos mentales que nos llevan a tomar una decisión, pero recientes hallazgos de psicólogos y neurobiólogos podrían ayudarnos a obtener mejores resultados. A continuación presentamos diez de las fascinantes estrategias que han descubierto.


1 No tenga miedo a las consecuencias
YA SEA QUE SE DEBA ELEGIR ENTRE UN AUTO nuevo y una casa mejor, o incluso con quién casarnos, la mayoría de las decisiones implica un pronóstico: imaginamos cómo nos harán sentir las opciones que tenemos, y casi siempre elegimos la que creemos que nos hará más felices. Sin embargo, este “pronóstico afectivo” es incorrecto. La gente suele sobreestimar los efectos, buenos o malos, de sus decisiones. “El placer derivado de la mayoría de los hechos es menor y más efímero de lo que suponemos”, señala el psicólogo Daniel Gilbert, de la Universidad Harvard. Esto se aplica a hechos tan banales como ir a comer afuera o tan serios como perder un trabajo.

Una causa importante de que pronostiquemos mal es la aversión a perder: la idea de que una pérdida nos dolerá más de lo que nos complacería una ganancia equivalente. Sin embargo, Gilbert demostró que si bien este miedo influye en la toma de decisiones, cuando una persona en efecto sale perdiendo, la experiencia le resulta mucho menos dolorosa de lo que temía.

¿Qué hay que hacer entonces? En vez de volver la mirada hacia dentro e imaginar cómo lo hará sentir determinada decisión que usted tome, busque a alguien que haya optado por la misma alternativa y vea cómo se sintió. No se olvide de que, sin importar lo que le depare el futuro, sin duda le dolerá o complacerá menos de lo que se imagina.


2 Confíe en su intuición
AUNQUE SUELE CREERSE QUE TOMAR BUENAS decisiones exige tiempo, a veces una elección intuitiva resulta igualmente buena o mejor. Janine Willis y Alexander Todorov, de la Universidad de Princeton, observaron que tardamos una décima de segundo desde que vemos una cara nueva para formarnos un juicio sobre lo competente, fiable, agresiva, simpática y atractiva que es una persona. Si nos dan más tiempo —hasta un segundo—, antes que rectificar nos reafirmamos en nuestros juicios instantáneos.

Es razonable suponer que cuanta mayor información tiene usted sobre una cuestión, más racionales serán sus decisiones al respecto. Paradójicamente, a veces cuanta más información tenga, mejor resultado obtendrá si confía en su intuición.

Ap Dijksterhuis, de la Universidad Radboud, de Holanda, observó que cuando un grupo de compradores de artículos sencillos, como ropa, consideraban las distintas opciones, semanas después quedaban más satisfechos con sus decisiones. Sin embargo, tratándose de artículos más complicados, como muebles, quienes confiaban en su intuición quedaban más contentos.

El investigador concluye que esta toma de decisiones inconsciente también puede aplicarse a ámbitos como la administración y la política.


3 Considere sus emociones
SE DIRÍA QUE LOS SENTIMIENTOS SON ENEMIGOS de la toma de decisiones, pero en realidad son esenciales a ella. Decidir pone en marcha el sistema límbico, centro emocional del cerebro. Al estudiar a pacientes con daño en este sistema, el neurobiólogo Antonio Damasio, de la Universidad del Sur de California, observó que no podían decidir cuestiones tan básicas como qué comer o cómo vestirse. Según él, esto puede deberse a que el cerebro guarda recuerdos emotivos de las decisiones pasadas y los usa para tomar las presentes.

No obstante, decidir bajo el efecto de una emoción puede afectar el resultado. En un estudio, Nitika Garg, de la Universidad de Mississippi, y Jeffrey Inman y Vikas Mittal, de la Universidad de Pittsburgh, observaron que los consumidores enojados tendían a aceptar lo primero que se les ofrecía en vez de considerar otras opciones.

Aparentemente, el enojo nos vuelve impulsivos, egoístas y afectos a correr riesgos. Como los sentimientos afectan nuestro juicio y nuestra motivación, es mejor no tomar decisiones importantes mientras se está bajo la influencia de alguno. Sin embargo, por raro que parezca, hay una emoción que parece ayudarnos a decidir mejor. Los investigadores estadounidenses observaron que las personas tristes se tomaban su tiempo para analizar las opciones que tenían, y terminaban eligiendo las mejores. De hecho, muchos estudios indican que los individuos deprimidos tienen la visión más realista del mundo. Los psicólogos incluso han acuñado un término para designar esta visión: realismo depresivo”.


4 Haga de abogado del diablo
¿ALGUNA VEZ HA DISCUTIDO CON ALGUIEN sobre un tema polémico y se ha sentido frustrado porque su interlocutor recurría sólo a pruebas que respaldaban su propia opinión y hacía caso omiso de cualquier argumento que la rebatiera? Esta actitud, llamada prejuicio de la confirmación omnipresente, constituye un problema cuando nos hace creer que estamos tomando una decisión sopesando las alternativas, cuando en realidad ya hicimos una elección que queremos justificar.

Decidir bien es algo más que aferrarse a los datos y cifras que apoyan la opción por la que ya nos hemos decidido. Sin duda, buscar pruebas que pudieran demostrarnos que estamos en un error es un proceso doloroso. “Deberíamos admitir que es muy difícil ser del todo objetivos”, señala el psicólogo Raymond Nickerson, de la Universidad Tufts, en Massachusetts. “Quizá nos convendría reconocer que ese prejuicio existe, y que todos lo tenemos”. Así, por lo me­nos, sostendremos nuestros puntos de vista de manera menos dogmática y decidiremos con mayor humildad.


5 Cuidado con las comparaciones
A VECES BASAMOS NUESTRAS DECISIONES en datos y cifras irrelevantes. En un estudio clásico sobre este efecto del punto de comparación, Daniel Kahneman y Amos Tversky pidieron a los participantes calcular el porcentaje de los paí­ses africanos afiliados a la ONU. Antes de responder debían hacer girar una rueda con números del 0 al 100 y decir si el número resultante era mayor o menor que dicho porcentaje. Los sujetos del estudio no sabían que la rueda estaba manipulada para detenerse en el 10 o en el 65. Aunque este hecho no tenía relación con la pregunta, influyó mucho sobre las respuestas. Los participantes a quienes les tocó el 10 calcularon un 25 por ciento, en promedio, mientras que aquellos a quienes les tocó el 65 calcularon un 45 por ciento. Aparentemente, pues, las respuestas se basaron en el giro de una rueda.

Lo mismo ocurre cuando vemos artículos con etiqueta de “rebajado” en un comercio: utilizamos el precio original como punto de comparación para juzgar el rebajado, que entonces nos parece una ganga, aunque en términos absolutos no lo sea. ¿Cómo podemos vencer este efecto? “Es muy difícil evitarlo”, admite el psicólogo Tom Gilovich, de la Universidad Cornell. Una estrategia podría ser utilizar puntos de comparación que lo contrarresten, pero aun eso es difícil. “Como no sabemos cuánto nos ha afectado el primer punto de comparación, es difícil neutralizarlo”, agrega.


6 No lamente lo irremediable
¿USTED ES DE LAS PERSONAS QUE EN EL FONDO del armario guardan una prenda que ya no les queda? Ocupa espacio útil, pero se niegan a desecharla porque les costó una fortuna. La fuerza que motiva esta mala decisión se llama la falacia de la inversión cuantiosa. En los años 80 Hal Arkes y Catherine Blumer, de la Universidad Estatal de Ohio, demostraron la facilidad con que nos dejamos engañar por ella.

Hicieron creer a un grupo de estudiantes que les vendían reservas para un viaje de fin de semana a un lugar de esquí por 100 dólares. Luego les ofrecieron un viaje más barato —de 50 dólares— a un centro turístico de mejor calidad. No fue sino hasta después de que los estudiantes hubieron pagado las reservas cuando se les dijo que ambos viajes tendrían lugar el mismo fin de semana, y que debían decidirse por uno. Por extraño que parezca, la mayoría eligió el viaje menos atractivo y más caro debido a la mayor suma ya invertida en él.

La razón de esto es que cuanto más gastamos en una cosa, más comprometidos nos sentimos con ella. La inversión no tiene que ser económica. ¿Quién no ha perseverado en la lectura de un libro aburrido mucho después de que le habría convenido desistir? Para evitar que esto influya en sus decisiones, no se olvide de que llega un momento en que debemos abandonar los empeños infructuosos.


7 Cambie su óptica
A VECES TOMAMOS DECISIONES irracionalmente influidas por la manera en que se presentan las opciones. Este efecto, llamado del planteamiento, explica por qué preferimos los bocaditos con “el 90 por ciento menos grasas” a los que se anuncian con “un 10 por ciento de grasas”. Sentimos una marcada atracción por las opciones que parecen entrañar ganancias, y aversión por las que parecen representar pérdidas.

En un estudio publicado en 2006, Benedetto De Martino y Ray Dolan, del University College de Londres, observaron la reacción del cerebro a este efecto con tomografías de resonancia magnética. Las imágenes mostraron una actividad muy intensa en la amígdala (parte del centro emocional del cerebro) cuando la persona se dejaba llevar por el planteo. Los individuos menos susceptibles presentaron la misma actividad en la amígdala, pero fueron más hábiles para suprimir esta reacción emocional inicial al poner en juego otra región, la corteza prefrontal orbital y medial, que tiene fuertes conexiones con la amígdala y con zonas relacionadas con el pensamiento racional. De Martino señala que las personas con daños en dicha corteza tienden a ser más impulsivas.

Aunque lo anterior no significa que podamos aprender a sustraernos a este efecto, es importante saber que existe, agrega De Martino. La experiencia y la educación pueden contrarrestarlo, y aun los más propensos a él podemos hacer algo para evitarlo: analizar nuestras opciones desde varios ángulos.


8 Evite la presión social
Aunque usted se considere un individuo resuelto, nadie es inmune a la presión social. En 1971, un experimento que se realizaba en la Universidad Stanford, en California, se tuvo que interrumpir cuando un grupo de estudiantes que representaban el papel de celadores de una prisión empezaron a ejercer violencia psicológica contra otros que representaban a los presos. Desde entonces los estudios han demostrado que los grupos de individuos que comparten intereses tienden a convencerse de adoptar posturas extremas, y que tienen mayores probabilidades de tomar decisiones arriesgadas que quienes actúan solos. Estos efectos explican en parte la peligrosa conducta de las pandillas y el radicalismo de los fanáticos.

¿Cómo evitar la presión social negativa? En primer lugar, si cree que va a tomar una decisión sólo por complacer a su jefe, piénselo mejor. Si pertenece a un grupo, nunca dé por sentado que sabe más que usted, y si todos están de acuerdo, represente el papel de abogado del diablo. Por último, desconfíe de las situaciones en que la responsabilidad esté distribuida entre demasiadas personas; es en ellas donde se corre más riesgo de tomar decisiones irresponsables.


9 Reduzca su gama de opciones
QUIZÁS USTED PIENSE QUE ES BUENO tener muchas opciones, pero considere que se deriva más placer de un chocolate elegido entre cinco que entre 30, según la psicóloga Sheena Iyengar, de la Universidad Columbia, en Nueva York, quien estudia la paradoja de las opciones: aunque nos parezca mejor tener muchas, es preferible que sean pocas.

Cuantas más opciones hay, más exigen a nuestra capacidad para procesar información, lo que puede confundirnos, hacernos perder tiempo, aumentar el riesgo de error y dejarnos insatisfechos con nuestra decisión.

Las personas más afectadas por esta paradoja son aquellas que estudian detenidamente todas las opciones antes de decidir. Esta estrategia es buena sólo si el número de opciones es reducido. En cambio, los individuos que tienden a elegir lo primero que satisface sus necesidades sufren menos. “Si la intención es conformarse con algo ‘razonablemente bueno’, la presión disminuye y la tarea de elegir una opción entre muchas se vuelve más manejable”, explica Barry Schwartz, psicólogo de la Universidad Swarthmore, en Pensilvania.

Así, en vez de buscar una cámara digital ideal, pregunte a un amigo si está contento con la suya. Si lo está, quizás a usted también le guste, agrega Schwartz. Aun en situaciones en que una elección le parezca demasiado importante para conformarse con lo mínimo satisfactorio, procure limitar sus opciones.


10 Pida a otra persona que decida
SOLEMOS CREER QUE QUEDAREMOS más conformes si decidimos solos, pero a veces, sea cual sea el resultado, el propio proceso de elegir nos deja insatisfechos. En esos casos es preferible ceder la responsabilidad a otro.

En 2006 Simona Botti, de la Universidad Cornell, y Ann McGill, de la Universidad de Chicago, publicaron varios experimentos sobre esta estrategia. En uno, los individuos tenían que elegir entre varios artículos sin información que los orientara. Cuando se les preguntó cuál era su grado de satisfacción con el resultado y con la decisión tomada, todos dijeron estar menos satisfechos que aquellos a quienes simplemente se les asignó una opción. La razón, según los investigadores, es que quienes eligieron no se atribuyeron ningún mérito aunque su decisión hubiera sido buena, y aun así la idea de no haber optado por lo mejor los agobiaba. Aun en los casos en que se les daba un poco de información previa (pero no la suficiente para que se sintieran responsables del resultado), no se sentían más felices de elegir que si fuese otro el que lo hiciera por ellos.

Según Botti y McGill, estos hallazgos tienen importantes implicaciones para las decisiones triviales o desagradables. Deje, por ejemplo, que otro elija el vino en el restaurante. También podría sentirse mejor si deja ciertas decisiones en manos de un profesional. “Suele creer­se que elegir produce felicidad —concluyen—, pero a veces no es así”.

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Es lo que es… acéptalo y vívelo!

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Hace unos años aprendí que hay una gran diferencia entre aceptar la realidad y resistirte a ella. Mi novio por aquel entonces, con el que compartía casa, tuvo un accidente haciendo snowboarding en el que se dislocó el hueso lunar de la muñeca, se rompió la clavícula y la cadera izquierda. Tenía 28 años y la rotura de cadera le dejó, no sólo en cama tumbado durante 3 meses, sino además con la incertidumbre de que muy probablemente después de los 3 meses tuviera que ser sometido a una operación de cadera para ponerle una prótesis. Esto significaría, por supuesto, dejar de jugar en su equipo de futbol y abandonar el resto de sus deportes favoritos.

El pronóstico no era nada alentador y recuerdo que los primeros días me pasaba el día llorando, sin que él me viera, claro, pensando en cómo hubiese sido su vida si no hubiera tenido el accidente y lo diferente que iba a ser ahora. Sin embargo él estaba de muy buen humor, quitando algunos momentos en los que el dolor le era insoportable, así que un día le pregunté: “¿no te agobia el pensar que vas a estar en esta cama 3 meses y que es posible que no puedas volver a practicar más tus deportes favoritos?”, él se me quedó mirando y con mucha calma me dijo: “Mónica, es lo que es! Agobiarme y pensar en ello no va a cambiar nada. Además, hasta que no pasen los 3 meses no sabremos si podré o no practicar ciertos deportes”.

Durante esos 3 meses siguió trabajando desde la cama, asistiendo a reuniones por teléfono, organizó su librería de itunes, creó 50 playlists diferentes que cargaría después en su ipod y, sobre todo, nunca se quejó.

Es decir, él aceptó lo que había ocurrido y le sacó el máximo provecho a la situación en la que se encontraba, con dolor pero sin agobios, frustración o enfado.

Que podemos aprender de esta experiencia:

Cada momento que pasamos pensando o fantaseando en lo ideal que sería que algo fuera diferente, nos estamos perdiendo la oportunidad de vivir el presente y lo que éste nos puede ofrecer. Pensar en lo que no hay, o no tenemos, no nos deja espacio para ver lo que si hay, o si tenemos.
Aceptar no es lo mismo que no hacer nada o quedarse parado. No significa pasividad, sino todo lo contrario. Una vez que aceptas una situación, que la reconoces, es cuando puedes empezar a hacer algo al respecto. Y si no, pensad, ¿cuál de los siguientes pensamientos os proporcionaría más pro-actividad?: “Ojalá no me hubiesen echado del trabajo”, o  “Me han echado del trabajo, ¿qué puedo hacer ahora?”
Nos provocamos un sufrimiento innecesario cuando nos apegamos a la idea de cómo podría haber sido una situación, o cómo nos gustaría que fuese, así como cuando nos preocupamos hoy de algo que puede o no ocurrir en el futuro y que, además, no depende de nosotros.
Cuando no aceptamos la realidad, toda la energía de la que disponemos para cambiarla es desperdiciada en resistirla tal y como es.
Lo que es, ES!! independientemente de si nos gusta o no, de si nos parece adecuado o no, y una vez que aceptamos lo que es, o lo que está ocurriendo, es cuando realmente podemos hacer algo al respecto.
El sufrimiento se crea cuando nuestros pensamientos están en desacuerdo con la realidad.
A veces esos pensamientos son creencias que tenemos desde hace mucho tiempo, y por ello nos cuesta pensar de otra manera.

Por ejemplo: “El jefe debería motivar al equipo”.

En este caso si resulta que nuestro jefe no es bueno a la hora de motivar, o simplemente no hace nada para motivar a la gente del equipo, ¿qué haremos nosotros?

1) Si no aceptamos la realidad, nos quejaremos de él con nuestros compañeros y amigos y cada vez estaremos más frustrados dentro de nuestro trabajo, incluso menos motivados. Es decir, provocamos aquello que estamos queriendo evitar.

2) Si aceptamos la realidad, es decir que nuestro jefe no hace nada por motivar al equipo, aunque creamos que sea su deber!, lo que haremos será, por ejemplo preguntarnos, “¿cómo puedo motivarme yo?”, o “¿qué puede motivar al equipo?”. Es decir, nos responsabilizaremos de nuestra falta de motivación y de hacer algo al respecto, consiguiendo un resultado mucho mejor.

Quizás alguno de vosotros penséis en este momento, “¿y por qué tengo que hacer yo su trabajo?, es su responsabilidad” y seguís con el sentimiento de frustración, enfado, rabia etc. Si es así, recordad:

Que es el pensamiento, y no la realidad, lo que os está provocando esos sentimientos. Y lo mejor de todo, puede que no puedas controlar la realidad, pero si tus pensamientos !!!

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… Y empezar de nuevo.

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Si alguna vez habéis jugado a un videojuego seguro que habéis experimentado lo que significa “perder una vida” y tener que volver a empezar en la pantalla en la que te encontrabas.

Aunque “perder una vida” no suene muy alentador, sin embargo, el efecto en el jugador es todo el contrario, porque de repente, tiene una nueva oportunidad. Una oportunidad para hacerlo mejor, para avanzar y para seguir en el juego.

De alguna manera es como poner el contador a cero, olvidar que lo has hecho mal y volver al juego con todas tus ganas y entusiasmo para intentarlo de nuevo. O como en  mi caso, dejar el videojuego y ponerme a hacer otra cosa con el convencimiento de que eso no era lo mío y que mi tiempo estaba mejor empleado en otro lugar.

En el caso de los juegos esto lo hacemos con cierta facilidad, pero cuando llega la hora de poner el contador a cero y empezar de nuevo en la vida real, eso ya es otra historia.



Pero, ¿por qué nos cuesta tanto olvidar o aceptar un error y comenzar de nuevo?

- Por un lado, está el hecho de que tenemos que ser perfectos para sentirnos suficientes y a gusto con nosotros mismos.

Si bien en público solemos afirmar que la perfección no existe, a escondidas y para uno mismo la regla es diferente y más parecida a “la perfección no existe pero yo no puedo cometer ningún error porque si no, que van a pensar de mi”

Y es que cometer un error conlleva, en la mayoría de las ocasiones, la pérdida de algo: bien sea nuestra imagen, nuestra posición, el amor de un ser querido, etc

O por lo menos eso es lo que creemos!!!

Porque en la realidad suele ocurrir todo lo contrario. Es decir, cuando cometemos un error la gente a nuestro alrededor tiende a ser compasiva con nosotros y a quitarle importancia a nuestro error, entre otras cosas porque piensan que ese error, comparado con los suyos, no es nada.

En definitiva, cada uno de nosotros se convierte en su peor crítico, magnificamos las consecuencias de nuestros errores y por eso nos es más difícil dejarlos a un lado y comenzar de cero.

- Y por otro lado, le damos demasiada importancia a nuestro pasado y hacemos una interpretación de éste que nos limita a la hora de empezar de cero.

Es decir, si hemos cometido un error dejamos que este error influya en la imagen que tenemos de nosotros mismos, o que nos deje atascados en “Si no hubiera cometido ese error!!”

En el primer caso estamos dejando que nuestros errores dañen nuestra autoestima. Con lo que cada vez tenemos menos confianza en nosotros mismos y en nuestras capacidades, provocando que cometamos un mayor número de errores y que comencemos el círculo que se realimenta.

En el segundo caso, nos quedamos atascados en algo que no podemos cambiar, porque ya ha ocurrido, y permitimos que estos pensamientos nos frustren, nos hagan sentir tristes e incluso inapropiados para enfrentarnos a lo que tenemos en el presente.

En ambos casos, cómo elegimos ver el error y la importancia que le damos a éste, es la causa de que nos cueste tanto poner el contador a cero.



¿Qué podemos hacer para que nos sea más fácil poner el contador a cero y empezar de nuevo al 100% de energía y entusiasmo?

1.- Ver los errores como parte fundamental de la vida.

Si tomamos decisiones, si nos lanzamos a hacer cosas nuevas, o si simplemente nos ponemos a aprender algo nuevo lo normal es que cometamos errores. Los errores son parte de la vida y pretender vivir una vida libre de errores es un gran reto que te lleva a vivir en el miedo y el temor a moverte, a hablar, a hacer…

2.- Hacer de nuestros errores los protagonistas de nuestra historia.

Los errores tendrán la función en nuestra historia que les queramos dar nosotros. Así, podemos mirar a nuestros errores como situaciones donde sacamos nuestra valentía y como oportunidades de aprendizaje y de evolución.

3.- Creer que cada momento es el momento ideal para comenzar de nuevo.

Y es que, de hecho, cada momento es el momento ideal para poner el contador a cero… y empezar de nuevo, sin lastres. Recordemos que los lastres los creamos nosotros, y somos nosotros también los que los mantenemos en la memoria.

4.- Ponerle un poco de humor a la situación.

Cada vez que yo cometo un error me recuerdo a mí misma “si sólo fuese a ser el último… ”. El humor nos ayuda a poner el error en perspectiva y quitarle importancia.

5.- Ser compasivo o benevolente con uno mismo y PERDONARSE.

Elegir el perdón al maltrato hacia un mismo es la clave para facilitar el poner el contador a cero y comenzar de nuevo. Y lo mejor de todo es que la habilidad de perdonar la tenemos todos los seres humanos.

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15 cosas que podemos dejar de hacer y que nos harán sentirnos mucho más felices…

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Si es eso lo que queremos, claro!

Porque aunque casi siempre decimos que queremos ser más felices a la hora de la verdad, y en nuestro día a día, seguimos haciendo cosas que nos provocan infelicidad.

Claro que no siempre somos conscientes del efecto que algunos de nuestros comportamientos tienen sobre nosotros y nuestras relaciones.

Veamos qué podemos ganar si en vez de hacer, DEJAMOS DE HACER:

1.    Dejar de querer tener siempre razón

Cuando queremos tener razón no solo nos distanciamos de la persona con la que estamos hablando debido a la rigidez de nuestra posición, sino que además nos perdemos una oportunidad de aprender algo nuevo que quizás nunca habíamos visto o pensado.

Cuando dejamos de hacerlo: creamos una conexión con la otra persona, que además estará más abierta a escuchar lo que decimos ya que no se lo intentamos imponer, y se nos abre la posibilidad de aprender algo nuevo.

2.    Dejar de querer controlarlo todo

No sólo es imposible controlar todo lo que ocurre en nuestras vidas y a nuestro alrededor, sino que además intentarlo nos crea frustración, inseguridad y miedo.

Cuando dejamos de hacerlo: podemos centrarnos en vivir y disfrutar de lo que hay en el presente y sentir la libertad de estar y crear con lo que tenemos en cada momento, en vez de dedicar nuestro tiempo a prepararnos para lo que pueda pasar en el futuro.

3.    Dejar de culpabilizar

Cuando culpabilizamos a otros de lo que nos ocurre o de cómo nos sentimos perdemos el poder de hacer algo al respecto. Y no solo eso, sino que además nos lleva a meternos en el papel de victima impotente.

Cuando dejamos de hacerlo: nos responsabilizamos de lo que nos ocurre, de lo que sentimos y de buscar lo que necesitamos para cambiar la situación. En definitiva, nos empoderamos.

4.    Dejar de hablarnos de forma negativa y derrotista

El lenguaje que usamos hacia nosotros mismos tiene un gran impacto en todo lo que hacemos en nuestras vidas y en el tipo de vida que vivimos. Cuando el lenguaje es negativo y derrotista nuestra vida tiende a ser más difícil, con más obstáculos y más infelicidad.

Cuando dejamos de hacerlo: nos convertimos en nuestros animadores y amigos, haciendo que nuestra vida se vuelva más fácil y más alegre y agradable. También nos facilitará el conseguir aquello que nos propongamos.

5.    Dejar las creencias que nos limitan

Los límites nos los ponemos cada uno. De forma que cuando nos decimos que no vamos a ser capaces de hacer algo estamos mandando una orden a nuestro cerebro para que no lo haga.

Cuando dejamos de hacerlo: se nos abren nuevas oportunidades, nos sentimos mejor con nosotros mismos, más fuertes y capaces.

6.    Dejar de quejarnos

Si bien hay momentos donde quejarnos nos ayuda a ventilar dejando que la emoción, enfado, cabreo, etc, que sentimos salga y así nos tranquilicemos, quejarnos de forma habitual Y de lo mismo es, además de una pérdida de tiempo y energía, una forma de alimentar el sentimiento de impotencia. Sin olvidar lo agotador que puede llegar a ser para tus amigos o familiares.

Cuando dejamos de hacerlo: tienes tiempo para buscar soluciones, si es que las quieres. Te sientes más dueño de tu vida y tus amigos y familiares querrán seguir quedando contigo.

7.    Dejar el lujo de criticar

Cada vez que criticamos a algo, estamos poniendo nuestra atención en lo “malo” que hay en el mundo, lo que inconscientemente nos puede llegar a desanimar y desmotivar. Cuando criticamos a personas lo que despertamos es la desconfianza. Y es que si yo puedo criticar también los demás.

Cuando dejamos de hacerlo: miramos a lo bueno y bello que hay en el mundo y en las personas y de repente la vida se nos antoja más agradable y bella.

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Cómo evitar sufrir por amor.

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Existen creencias del tipo: “se sufre mucho por amor”, “el verdadero amor es sufrimiento, sacrificio”, “si muestras tu vulnerabilidad te harán daño”,…, que nos hacen pensar que el amor y el sufrimiento van unidos. Esto lleva a muchas personas a cerrarse a la posibilidad de amar a otra persona porque “no quieren sufrir”, a pensar que si no sufres por alguien es que entonces no le amas de verdad, o a esconder el lado vulnerable por miedo a que nos hagan daño.

Es decir, con el fin de evitar el sufrimiento que va supuestamente unido al amor, nos cerramos a amar y a mostrarnos como realmente somos.

La intención de este artículo es la de aclarar las causas del sufrimiento, que hoy por hoy se achacan al hecho de amar a alguien, y lo que podemos hacer para evitarlo, sin que para ello tengamos que dejar de amar o de ser nosotros mismos.



Veamos cuales son algunas de las circunstancias en las que “sufrimos por amor” y la verdadera causa que hay por detrás:

1)    Imaginemos que alguien nos gusta, y cuando le declaramos nuestros sentimientos, nos dice que no siente lo mismo. Independientemente de que lo haga con unas palabras más o menos apropiadas, nuestra tendencia es a pensar que esa persona nos está rechazando y así es como lo creemos.

Una vez que creemos que esa persona nos ha rechazado, nuestra mente empieza a suponer posibles motivos para explicárnoslo y lo que nos ofrece es una serie de pensamientos sobre cómo no somos lo suficientemente buenos, majos, guapos, listos, etc, que pretenden justificar ese rechazo, pero que como consecuencia, lo que consiguen es hacernos sentir mal con nosotros mismos.

En este caso, por lo tanto, no es el hecho de que nos guste una persona lo que nos hace sufrir, ni siquiera el que nuestros sentimientos no sean correspondidos, sino los pensamientos negativos que se desencadenan dentro de nuestra cabeza sobre nosotros mismos y que decidimos creer como verdaderos, ya que justifican lo que ha ocurrido en esa situación.

2)    Imaginemos que amamos tanto a alguien que nos pasamos el día sufriendo por si le pasa algo malo. En este caso el sufrimiento viene del hecho de predecir una catástrofe (ej: “no llama, ¿habrá tenido un accidente?”) y del miedo que ésta desencadena al no confiar en nuestra capacidad de poder afrontar la catástrofe que estamos imaginando (ej. “Como le pase algo me muero”, “no se que haría sin él”).

Es decir, no sufrimos por amor, sino porque no confiamos lo suficiente en nosotros mismos como para poder superar aquello que nos toque vivir.

3)    Muchas veces también sufrimos porque las personas que queremos están en una situación que nosotros consideramos inadecuada, o no deseable. Bien sea por que nuestro hijo está sin trabajo, nuestra amiga está en una relación que consideramos dañina para ella, etc.

En estos casos estamos creando un juicio sobre la situación y el efecto que creemos que ésta tiene sobre la persona a la que amamos, y además, tendemos a hacernos responsables a nosotros mismos de sacar a esa persona de esa situación. Esto tiene el problema de que si la otra persona no considera la situación tan mala como nosotros la vemos, no querrá hacer nada para cambiarla y todos nuestros esfuerzos se verán frustrados.

Por lo tanto, en casos como estos, el sufrimiento viene de no aceptar la situación en la que está una persona querida y de la frustración de querer cambiarla sin éxito.

4)    Consideremos ahora el caso en que una pareja o matrimonio se separe. En este caso el sufrimiento puede venir de distintos lugares.

Por una parte está el cambio que la separación representa en nuestro día a día. Como todo cambio, requiere de un duelo por lo que dejamos atrás, por la pérdida, mientras que al mismo tiempo, nos tenemos que enfrentar al miedo, o incluso a la ansiedad, debido al futuro incierto que se presenta en ese momento.

Por otra parte, y al igual que en la primera situación planteada, nuestra mente puede llenarse de pensamientos negativos sobre nosotros mismos, o de preguntas y de situaciones hipotéticas sobre lo que podríamos haber hecho diferente que no nos llevan a ningún lado y nos mantienen estancados en el sufrimiento que nos provocan.

Además, en este caso, también debemos considerar que todos los planes de futuro que teníamos con esa persona se desvanecen, y eso puede dejarnos desorientados o incluso perdidos.

El sufrimiento en este caso viene provocado por un cambio no deseado en nuestras vidas y nuestra resistencia o inadecuada adaptación al mismo.

5)    Cuando amamos a una persona tanto que no podemos vivir sin ella. En este caso puede ocurrir que existan inseguridades dentro de uno mismo que estamos intentando cubrir con el hecho de tener a esa persona a nuestro lado, que hayamos creado ciertas necesidades que dependen de esa persona, o que hayamos hecho de esa persona el objeto de nuestro deseo.

En cualquier caso, el sufrimiento no viene de amar a esa persona, sino de otro tipo de necesidades internas.



Entonces, ¿cuál es la relación entre el amor y el sufrimiento?

Como hemos visto, con frecuencia son relaciones de pareja, lazos familiares o amistades muy próximas las que provocan pensamientos que nos hacen sufrir, avivan nuestras inseguridades o nos ponen en situaciones no deseadas, y de ahí que hagamos la conexión entre amar y sufrir, o que creamos que si no sintiéramos amor por esas personas no sufriríamos.



¿Y qué podemos hacer para evitar el sufrimiento?

1)    Encontrar cada día algo hacia lo que dirigir nuestro amor y conectar con él. Si estamos sintiendo amor no podremos sentir sufrimiento ya que estos son opuestos.

2)    Trabajar en la relación que tenemos con nosotros mismos para evitar sufrir con nuestros propios pensamientos, nuestras propias exigencias.

3)    Trabajar nuestra actitud ante los cambios, de forma que ésta nos ayude a afrontarlos y avanzar, en vez de a resistirlos y quedarnos estancados.

4)    Ver las experiencias de la vida como las “experiencias perfectas” que tienen que ocurrir para que cada uno de nosotros aprendamos algo.

5)    Tener claro quiénes somos y qué queremos, así, aunque nos dejen, podremos seguir nuestro camino más fácilmente.

6)    Trabajar en la confianza hacia uno mismo y determinar cuál es la reacción que queremos tener, o cómo queremos que nos afecte, cuando una persona ataca consciente o inconscientemente nuestro lado más vulnerable. Así como la otra persona es responsable de hacer algo que nos lleva hasta ese lugar vulnerable, es nuestra responsabilidad definir nuestra reacción y actuación al respecto.

7)    No ver el sufrimiento como algo malo que debemos evitar. En el sufrimiento siempre encontraremos algo que aprender de nosotros mismos, por lo que hay que agudizar la escucha interna, precisamente en ese momento en el que decimos que estamos sufriendo.

8)    Prestar atención al tipo de pronósticos que hacemos a la hora de pensar en nuestros seres queridos, y procurar, en la medida de lo posible, que estos no sean siempre negativos.

9)    Cuando hagas algo por alguien al que amas, hazlo desde el querer y no desde el deber, así sentirás que estás actuando libremente.

10) Aprender a hacer los duelos, y dejar en el pasado aquello que pertenece al pasado.

11) No responsabilizarnos de los problemas de los demás, sino escucharlos y apoyarlos con aquello que nos pidan.

12) Diferenciar amor de deseo. Cuando sentimos amor sentimos paz, calma, bien estar, mientras que cuando sentimos deseo estamos intranquilos, nerviosos, impacientes.

Conclusión:

El sufrimiento es causado por nuestros pensamientos, inseguridades, miedos y resistencia a los cambios o a ciertas situaciones presentes no deseadas.

Cuando nos sentimos bien y seguros de nosotros mismos podemos amar libremente, sin miedo a sufrir!

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50 motivos para ser feliz.

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El tráfico, la ciudad y el ritmo acelerado de vida que llevan muchas personas hace que la mayoría se sienta con mal humor o simplemente deje de disfrutar su entorno, encerrándose en un ambiente de ansiedad. 

Varios estudios científicos compararon que aquellos individuos que se mantienen de buen humor, ayudan a su organismo reducir nivel de sustancias químicas relacionadas con el estrés, informa la BBC. 

Muchos son los métodos que se implementan para bajar los niveles de ansiedad. La llamada “Enfermedad del siglo XXI” causa varios daños al cuerpo humano; por esto, el sitio de BlogyLana.com propone una serie de formas sencillas de estimular la felicidad, sin necesidad de invertir dinero o pasar largas horas en terapia.¿ 

¡Ser feliz es gratis! 

50. El canto de los pájaros en la mañana. 

49. El olor del café al despertar descansado y relajado. 

48. La risa de tu hijo. 

47. Respirar profundamente después de haber corrido. 

46. Un vaso de agua cuando se tiene calor o sed. 

45. La sonrisa de un extraño. 

44. Un día de poco tráfico. 

43. Llegar a tiempo para ver el siguiente capítulo de tu serie favorita. 

42. El sabor dulce de tu fruta favorita. 

41. La confianza de un amigo. 

40. Descubrir algo interesante y útil. 

39. El sonido de las hojas de árbol cuando las pisas. 

38. El olor a pasto recién cortado. 

37. La satisfacción de haber logrado algo que te propusiste. 

36. Caminar en las zonas que te gustan, tranquilo. 

35. El cariño de tu mascota. 

34. La posibilidad de salir a la calle cuando quieres. 

33. Oír la lluvia en tu ventana. 

32. Recibir un halago auténtico de alguien a quien quieres o admiras. 

31. Escuchar un buen consejo.

30. Recordar que muy buenos momentos están por venir. 

29. Lograr cocinar bien un platillo por primera vez. 

28. Planear un viaje corto. 

27. LLorar de la risa. 

26. Hablar por horas con tu mejor amigo. 

25. Ganarle un partido a quien siempre te gana. 

24. Como se ve la vida después de meditar. 

23. Las vacaciones (aunque no salgas a ningún lado) 

22. La voz de la persona que amas. 

21. Que te retweteen.

20. Dar. 

19. Una caricia linda de la persona que amas. 

18. Una buena y reparadora siesta. 

17. Cuando te concentras en tu trabajo y se te desdibuja el mundo. 

16. Que te escuchen con atención e interés. 

15. Alcanzar una meta que nunca habías logrado. 

14. Vencer un viejo miedo. 

13. Cuando empiezas algo por lo que has esperado mucho tiempo. 

12. Levantarte antes de que suene el reloj. 

11. Disfrutar una buena parodia.

0. Recibir dinero de manera inesperada. 

9. Alegrarte de los logros de otros. 

8. Resolver un problema (el momento ¡Eureka!) 

7. Recordar tu primer beso. 

6. Un merecido descanso. 

5. Ver un atardecer. 

4. El olor a limpio en la ropa. 

3. Los comentarios en tu blog. 

2. Las palabras de ánimo de quien te quiere. 

1. Una buena canción.

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Te propongo algo...

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No cambies de canales, cambia la televisión por un buen libro.

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Cada vez hay más niños que pueden leer pero no lo hacen.

Hay muchas cosas que los distraen, puede ser una combinación de mirar demasiada televisión en casa y tener que hacer muchos ejercicios en la escuela.

Una vez que los niños pierden el interés en la lectura, es difícil recuperarlo.

La motivación para leer también tiende a disminuir a medida que los niños crecen. Leer es como cualquier otra destreza. Si no practican, no lograrán desarrollar el vocabulario, las habilidades y la facilidad.

Cinco maneras de incentivar la lectura en sus hijos:

1)    Darles el ejemplo: Si los niños ven a sus padres leer habitualmente y disfrutar de los libros, considerará que es una actividad interesante.
Los padres siempre serán el primer modelo a imitar.
2)    Explicarles qué cosa leemos: Si los padres leen novelas, historias, crónicas, deben comentarles a sus hijos por qué les gustan esas lecturas, eso aumentará su interés.
3)    Dejar los libros adecuados a su alcance: No es lo mismo dejar una novela en su escritorio que un cuento acompañado de algunas imágenes.
La forma de fomentar verdaderamente hábitos lectores en los niños es poner a su alcance, libremente, en casa y en el aula, libros adecuados para su edad y dejarles elegir.
4)    Léele cuentos: Podemos empezar a leerles cuentos desde muy pequeñitos, siempre que ellos disfruten, sin obligarles. Pero incluso cuando ya sepan leer o estén aprendiendo, los padres deberían seguir leyéndoles nosotros.
5)    Visitar las bibliotecas y librerías: Nada más estimulante para fomentar el amor a lectura que un lugar lleno de libros.

Alex Alvarez Puga

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